Carta 4
¿Qué hago el martes que la consciencia pincha?
La verdad es que hay días en que la teoría parece que no funciona, digamos que el IKIGAI CONSCIENTE no va. A ver, lo menciono sin suavizarlo, hemos hablado de presencia, coherencia, elegir desde donde haces lo que haces, pero hay mañanas en las que esto no es suficiente, y la verdad, no tengo ni ganas de estar presente. Quiero que el día pase rapidito sin hacerme daño.
Esto no viene desde la teoría de todo lo que escucho, o leo, viene desde mi propia experiencia. Sitúate, un martes cualquiera, ordenador abierto, un mail que normalmente contesto en 3 minutos se me resiste, llevo casi media hora, y no tiene pinta que lo vaya a solucionar en breve… he perdido el sentido, ¿dónde está? Pierdo el sentido con mi lista de tareas, mi trabajo, hasta lo que escribo en este momento. No es un problema de no saber lo que “debería”, eso está claro, clarísimo.
Esos días, en la productividad aprendida, la que nos enseñan toda la vida, reciben una etiqueta clara: fracaso, debe ser que el método no es bueno (la mente comienza a hacer su trabajo), yo soy el “problema”. Quizás no aplico bien el método, o quizás me falta DISCIPLINA, esa que un Ikigaier de verdad, con galones, no se puede permitir. Y era la idea lo que más pesaba, más que el día en sí.
Lo que cambié fue algo muy sencillo que no entendía anteriormente, aceptar que el IKIGAI CONSCIENTE no se sostiene solo como por arte de magia, se sostiene por acciones. Pequeñas acciones, nada épico. Son acciones que detectas, las tienes dentro, solo tienes que abrazarlas y sacarlas a pasear. Voy a compartir las mías contigo, no son una receta, solo como muestra para que puedas ver las tuyas (porque ahí están esperándote, son tuyas).
Adicional a esto está la misericordia hacia ti mismo, dejé de forzar, dejé de pedirme estar bien. Aprendí a no exigirme estar conectado ni presente ni coherente, y mucho menos ser mi mejor versión (buah – odio “ser mi mejor versión”). Me di el permiso para llamar a esas personas que me saben escuchar y no me juzgan si les digo que hoy me arrastro, sé que no me intentarán dar consejos rollo: “tú puedes”, solo me escucharán y empatizarán conmigo, y sé que secretamente saben que lo remonto, pero saben empatizar en cómo me siento en ese momento (encontrar estas personas no ha sido fácil, mucha prueba-error de por medio). Otra acción que me permite navegar el día aciago, es hablar con mi gato, Güero, se pone a mi lado, me mira, y sé que me entiende, no sé cómo me pasa una energía que me ayuda muchísimo, le miro y pienso, ¿tú no necesitas que nadie te evalúe por tu productividad, verdad? Miau, me dice, estamos de acuerdo.
Y aunque iba en contra de mi programación, básicamente, NO HICE NADA, dejé que el día pasara. Este día está aquí por algo, algo me quiere decir, pero al día siguiente ya se habían disipado la mayoría de los fantasmas.
Fruto de esto, si hoy me preguntas qué es el Ikigai Consciente en esos días, es permitirte no sentir presencia, pero no abandonarte o culparte por no sentirla.
No sé, ni tengo que saber, qué es lo que te sostiene esos días retadores. Solo te invito a que desde la honestidad encuentres esos pequeños puntos de apoyo que te ayudan a atravesar el día sin dañarte. Si tienes un momento, pregúntatelo desde la honestidad, vete a uno de esos días negros, y piensa ¿qué me hubiese ayudado a superarlo de forma más suave?, y ya tienes el kit para el próximo evento, porque vendrá, te lo aseguro.
Ese martes me permití esperar a mañana, apoyándome en mis pequeñas anclas, que me sostienen. No es magia, pero me ayudó.


Hoy me enseñaste, gracias por eso